Hace tiempo mantuvimos una más que interesante conversación sobre el teletrabajo, donde quedaron más o menos claras una serie de cosas: que es positivo para el trabajador en términos de conciliación de la vida laboral y familiar, que requiere una cultura empresarial basada en los objetivos y no en el tiempo de permanencia en el puesto de trabajo, de unos procesos diseñados para poder ser adaptados al teletrabajo, de unos cambios importantes en la forma de entender las relaciones laborales, la gestión de los recursos humanos, los sistemas de información..., y que es también una forma de que una persona realmente valiosa pueda trabajar para cualquier empresa del mundo, independientemente de donde esté.
Ante tal acumulación de condiciones, que representa una especie de caldo de cultivo casi ideal, no es de extrañar la escasa extensión de esta fórmula de trabajo en nuestra economía. Y a ello se unen los todavía escasos incentivos que supone para una empresa llevar a cabo está inversión. Los principales de estos incentivos pueden ser la mejora de la productividad (tema aún no muy aclarado), la reducción de costes de explotación y la mayor facilidad para atraer el talento. Este último me parece el más relevante. Hace poco asistí a una presentación de la directora de RR.HH. de Microsoft Ibérica, quien comentaba que ellos habían implantado el teletrabajo parcial para esto último, debido a las crecientes dificultades para encontrar techies del nivel que requieren. Pero aunque la falta de talento es generalizada, no todas las empresas lo sufren o lo perciben por igual.
Para venir a complicar un poco más este asunto, nos encontramos con un estudio de la Universidad de Durham realizado sobre teletrabajadores británicos el cual, buscando demostrar que se mantiene el nivel de compromiso con la empresa en el caso de los teletrabajadores, pone también de manifiesto un miedo de estos últimos a quedarse estancados en su carrera profesional.
Todos sabemos que en las empresas, como en cualquier organización, existe una gran parte de información que se transmite por cauces informales: la conversación en la máquina del café o radio macuto (como decíamos en la mili). Para un trabajador "virtual" sería mucho más complicado acceder a información valiosa para él sobre algunos aspectos importantes, como nuevas vacantes o proyectos.
Por mi experiencia de años, en España las cosas que se tratan en persona siguen aún generando mayor vinculación y compromiso que las tratadas por otros medios. Discusiones de meses se resuelven en una comida; en una conversación presencial obtienes información tangencial pero de alto interés para tus proyectos, o información importante que no habrías obtenido de otra forma. Al hilo de esto, merecería una reflexión aparte lo bien que funciona aquí el networking de tarjetas de visita y lo relativamente poco que funcionan plataformas virtuales como Linkedin o Xing.

Pero además existe para el teletrabajador el temor a que el jefe se olvide de uno. En realidad, es una especie de miedo a que no se valoren los resultados obtenidos, aunque la empresa esté diseñada para valorarlos. Que tu jefe "no se acuerde de ti" a la hora de un nuevo proyecto puede limitar tus posibilidades de desarrollo futuro de tu carrera profesional, no tanto porque no te ofrezcan una vacante, sino sencillamente porque no tuviste ocasión de brillar en proyectos con visibilidad.
En fin, nuevos argumentos para la reflexión y el debate.




